Nadie sabe lo que pasara mañana, donde iras, a quien conocerás ni si todavía estarás vivo. Nadie sabe lo que el destino le tiene programado, y es bueno adelantarse a el, estar preparado para lo que venga, "si te caes 7 veces, levántate 8". Eso es lo interesante de la vida...
(Narrado por Caroline)
Quedaban meses para volver al colegio, pero sin embargo, a un grupo de estudiantes de mi curso y de nuestro paralelo nos fueron a buscar tres semanas antes.
Éramos un pequeño grupo de aproximadamente diez estudiantes, más los de intercambio, seríamos dieciocho.
Los niños de intercambio venían de Inglaterra, Italia, Alemania, y Francia. Algunos manejaban todos los idiomas y otros, solo español y su idioma.
El primer día nos llevaron a un lugar prácticamente deshabitado, no había una gota de ruido, solo el viento que soplaba con gran fuerza y hacía que se nos revolviera el pelo.
El gran edificio era de un rojo cereza medio gastado por el tiempo, el hall era del mismo color con sillones a tono y una silla a la esquina donde se sentaba el guardia que llevaba un traje de color azul marino que hasta se podría creer que era negro si no lo veías a la luz.
Un señor alto, con una expresión fría, cabello negro y un terno del mismo color, nos guió por el hall hasta llegar a una gran sala con una mesa de madera, cuadrada al centro. Ya las paredes no eran color cereza eran de un pálido tono naranjo y el sillón que había en la esquina era de un naranjo un poco más oscuro a las paredes. La única ventana que poseía la gran sala estaba tapada con un visillo y daba a un pasillo que todavía no recorrían.
El señor hablo por primera vez.
-Este es el cuarto de reuniones, a esta sala solo se puede entrar cuando hayan reuniones, ó con alguien autorizado.
-¿Entendieron?–su voz era grave, atemorizante y fría a la vez.
-¿Entendieron?–su voz era grave, atemorizante y fría a la vez.
-Si-todos respondieron a coro con voz asustada.
-Bueno, no me he presentado, soy el profesor Herbert Lithgow a cargo de los muchachos de intercambio y su profesor de idioma, y desde ahora en adelante quiero que me digan “ Profesor Lithgow ” ¿Está claro?
-Si profesor Lithgow-todos respondieron con el mismo tono.
-Seguiremos con el recorrido-dijo saliendo de la sala.
Todos salimos y recorrimos el pasillo que nos faltaba, este mismo daba a una gran puerta, desgastada y arañada, daba la impresión que la hubiera sacado de un museo. Entramos por la gran puerta y al otro lado había 4 pasillos y muchas puertas con números.
-Aquí están sus piezas, cada uno tiene su propia pieza, cuando diga sus nombres vienen a retirar sus llaves-dijo el profesor Lithgow sacando una gran lista de su bolsillo y desdoblándola. Empezó a nombrar a varios alumnos hasta que llego mi turno.
-Señorita Caroline Walkovic-me pare rápidamente y fui a buscar mis llaves, me toco la pieza 14, busque mi pieza por un buen rato hasta que la encontré, cuando entre tuve la sorpresa de que no era pequeña como yo pensaba, si no que tenía un buen tamaño. Tenía a la esquina la cama, al lado la mesa de noche, al frente de la cama un escritorio con una lámpara y arriba de este un calendario con un horario al lado y un metro al lado del escritorio estaba el baño. Me acerque a mi cama y me tire de espaldas, necesitaba descansar un rato, estaba exhausta, el viaje fue muy largo y no pegué el ojo en ningún momento. Por arte de magia me quede dormida rápido, porque normalmente me cuesta quedarme dormida. Después de aproximadamente 15 minutos golpean la puerta súper fuerte, y una mujer grita, “A clases, a clases, apúrense, llegaran tarde”, sinceramente la voz de la señora era desagradable, no soportaría que gritara eso todos los días, pero bueno que se le va a hacer, nos trajeron acá para estudiar, no digo que era lo único que hagamos en un año pero por ahora me conformo; de ahí veremos más adelante. Me paré y Salí, cerré la puerta y me guarde las llaves. Todos, al igual que yo, salían con cara de fastidio; tampoco les agrado la señora gritona. Llegué a la sala y nos toco con el profesor Lithgow; las dos primeras horas se me pasaron volando, después llegó otro profesor pero este nos fastidio menos, nos paso unas guías y dijo que las completemos. Yo estaba sentada con Jessica y Kate, Oliver estaba sentado con las de intercambio, bueno, jamás cambiara.
-Señorita Caroline Walkovic-me pare rápidamente y fui a buscar mis llaves, me toco la pieza 14, busque mi pieza por un buen rato hasta que la encontré, cuando entre tuve la sorpresa de que no era pequeña como yo pensaba, si no que tenía un buen tamaño. Tenía a la esquina la cama, al lado la mesa de noche, al frente de la cama un escritorio con una lámpara y arriba de este un calendario con un horario al lado y un metro al lado del escritorio estaba el baño. Me acerque a mi cama y me tire de espaldas, necesitaba descansar un rato, estaba exhausta, el viaje fue muy largo y no pegué el ojo en ningún momento. Por arte de magia me quede dormida rápido, porque normalmente me cuesta quedarme dormida. Después de aproximadamente 15 minutos golpean la puerta súper fuerte, y una mujer grita, “A clases, a clases, apúrense, llegaran tarde”, sinceramente la voz de la señora era desagradable, no soportaría que gritara eso todos los días, pero bueno que se le va a hacer, nos trajeron acá para estudiar, no digo que era lo único que hagamos en un año pero por ahora me conformo; de ahí veremos más adelante. Me paré y Salí, cerré la puerta y me guarde las llaves. Todos, al igual que yo, salían con cara de fastidio; tampoco les agrado la señora gritona. Llegué a la sala y nos toco con el profesor Lithgow; las dos primeras horas se me pasaron volando, después llegó otro profesor pero este nos fastidio menos, nos paso unas guías y dijo que las completemos. Yo estaba sentada con Jessica y Kate, Oliver estaba sentado con las de intercambio, bueno, jamás cambiara.
Me faltaba solo una pregunta de la guía pero no la sabia, así que me pare a buscar algún libro donde poder encontrarla. Entre a una estrecha salita que su puerta daba a la nuestra, me pareció sorprendente ver toda esa cantidad de libros, que con suerte los han sacado dos veces cada uno en toda su estancia ahí, a juzgar por la cantidad de polvo que tenían, empecé a buscar algún libro que me sirviera cuando alguien apoya su brazo al lado mío.
-¿Qué haces aquí?-pregunto el muchacho. Su pelo era color castaño, sus ojos de un cálido tono verde y su sonrisa…, su sonrisa era simplemente perfecta, pero creo que no se podía decir lo mismo de su carácter.
-... buscaba un libro.
-Sabes que acá no se puede entrar.
-Perdón no sabía, y tu acaso ¿Puedes entrar acá?
-Sí, yo estoy autorizado-yo no sabía qué hacer ni que decir solo me digne a mirarlo.
-Con permiso-me eche para atrás y trate de salir por detrás del, pero no pude, su otro brazo lo apoyo al otro lado de la pared.
-¿a dónde vas?-me pregunto desafiante.
-A la sala, a terminar mi trabajo-rezaba para que me dejara ir. Pero el no contesto solo me miro, yo me sentía un poco incomoda. De repente entro el profesor Lithgow.
-¿qué pasa aquí?-el joven no se movió, siguió mirándome por unos minutos y de ahí se enderezó.
-nada-el joven salió, el profesor me miraba, me puse nerviosa de lo que me pudiera preguntar, así que Salí lo más rápido posible de ahí.
Llegue a la sala con un gran libro que alcance a sacar, no alcancé a terminar la guía así que tenía que hacerla en la tarde. Oliver se acerco a mí.
-Caro ¿podemos terminar la guía en la tarde?
-Claro que sí, pero no te ayudare jamás si vuelves a usar una hora de clases para coquetear con las extranjeras.
-Bueno, pero…
-Nada de peros-mire a Oliver que tenía cara de dolor–se que te costará pero inténtalo, ya estás bien grande para que las hormonas te ganen.
-Bueno, pero entonces mejor terminémosla mañana, total tenemos sociales el miércoles.
-Tú siempre dejando las cosas para última hora, bueno ya como quieras.
-Gracias, adiós–Oliver se despidió de mi y se fue muy apurado, yo fui a mi pieza y me tendí en mi cama, pero sin darme cuenta el sueño me fue ganando hasta que venció. Me sentía pésimo, estaba demasiado mareada; cuando desperté me sentía aun peor, la cabeza me daba vueltas, asique decidí ir a la enfermería.
Eran aproximadamente las 8:47 de la tarde cuando Salí de mi pieza a la enfermería. Cuando ya estaba llegando me tope con el joven de la biblioteca, me saludo alegremente, mientras que mi cabeza me daba vueltas y no estaba de ganas para que me cuestionaran, pero no pasó.
-Oye, perdón por lo que paso en la biblioteca, mi nombre es Patrick Kinsley.–sinceramente no estaba de ganas, ya veía que me desmayaba en cualquier momento.
-No importa, no le des importancia…-me costaba hablar estada demasiado mareada, me empecé a poner blanca y Patrick lo noto.
-Yo me llamo Caroline Malkovic…-ya no podía mas, el mareo me gano.
-¿Qué te pasa?, ¿Estás bien?–me pregunto Patrick tomándome una mano y con la otra sujetándome, yo solo negué con la cabeza. Patrick puso una mano en mi frente.
-Por dios este ardiendo en fiebre–eso fue lo último que recuerdo, después me caí en los brazos de Patrick, no era lo mejor, preferiría haber caído en el suelo, pero… bueno.
aquí esta el primer capitulo. (Dedicado a mi Hermamiga Catalina, las cosas se devuelven) (catalina: http://lasletrassonmipasion.blogspot.com/ )


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