viernes, 30 de diciembre de 2011

Capítulo13 de "Gracias a una Piedra"

Me separé rápidamente de Scott. Y vi como el abría sus verde-amarillentos ojos de golpe y esbozaba una sonrisa al observarme.
Yo miraba a todas partes desesperada. Jure haber visto a Patrick. Acá. Justo al frente de nosotros. ¿O fue una ilusión?
No sé que puede haber encontrado gracioso en mi cara, porque estaba tan perpleja que no creo que hubiera mostrado alguna emoción. O podría ser que una sí. Confusión.
—Tranquila, eso pasa cuando das energía de esta forma. Todos tus sentimientos y emociones se revuelcan en tu interior. —me dijo sentándose.
— ¿Estás bien ahora? ¿Podremos volver? —dije mirando fijamente a esos amarillentos ojos.
—Estaré bien, no. Podemos volver, si. Habrá sido poca la energía que me has dado, pero me servirá para una transformación más. — Y saltó a  mis brazos como el pequeño gatito que conocí hace seis años.
—De acuerdo, no mas transformaciones por ahora. No se repetirá esto. — dije levantándome con Cheshire en los brazos y dirigiéndome hacia donde estaban los demás.
Cuando iba camino hacia donde se encontraban los demás pasé frente a una ventana donde pude contemplar mi reflejo. Mi piel estaba pálida y mi vista se notaba aparentemente perdida hacia la nada. Aunque estuviera mirando fijamente la ventana parecía como si mirara algo a miles de metros de ahí.  Mis ojos tenían un brillo extraño, como si estuvieran llorosos pero mi pálido aspecto decía lo contrario. Supongo que así se pone uno cada vez que de energía.
“Ojala no se den cuenta los demás” Pensaba. Pensarán que estoy enferma y seria una escusa factible gracias a todas las recaídas que he tenido últimamente.
Al llegar nadie se dio cuenta. Gracias a dios. Pero fue más que eso. Actuaban como que nunca me hubiera ido. Seguían hablando y me preguntaban cosas sobre lo que ellos habían estado hablando en mi ausencia. Yo no tenía ni  idea. Solo asentía.
Fue una de las cosas más extrañas que me han pasado en mi anormal vida.

Después de un rato Jess miro la hora y dijo que tenía que hacer algo. Y se fue. Mientras que yo me quedé tocando el violín ya que Kate y Oliver aparentemente estaban en otro mundo. Cheshire dormía plácidamente en mis piernas y ronroneaba cuando le acariciaba el lomo.
Ya que no tenía nada más que hacer saque el atún que Cheshire dejó y desperté al gato. Me costó obligarlo a comer ya que se daba vuelta y ponía sus pequeñas patitas sobre su cabeza.
Milagrosamente logre embutirle el pedazo de atún.
Pero ahora no me quedo nada más que hacer.
Volví a mi pieza.
A llegar saqué mi libro, puse a Cheshire entre mis piernas y me dedique a leer. No leí ni dos hojas cuando Cheshire se me unió. Cada vez que trataba de pasar la página y el no la terminaba ponía su pequeña patita sobre mi mano y la levantaba cuando terminaba.
Después de un rato se aburrió y se echó a dormir.
Su energía. La debía conservar.
Eso me dio una idea.
Le daría una pequeña visita a Patrick. El debía contarme todo y ahora es el momento.
Quiero preguntarle cómo puede darle energía a Scott. (Ojalá no me mencione que el beso es la única manera)

Salí de mi pieza con rumbo a la cabaña de Patrick. Caminé varios kilómetros.
Llegué al frente de la puerta y me paré a pensar en lo que me había hecho venir hasta acá. Información sobre la energía y Scott.

No toqué. Solo puse la mano en el plomo y lo giré.
No me habría imaginado lo que tenía en frente.
Estaba Patrick sentado en el sofá con Jess a su izquierda. El tenia su brazo (sin las vendas) apoyado en las piernas de Jess. Si en sus piernas. Los dos se quedaron pasmados al verme, igual como quedé yo.
Le lancé una mirada de odio tanto a Patrick como a Jess.
Jess.
Pensé que eras mi amiga.
Me di vuelta y salí corriendo. Patrick me alcanzó en menos de cinco segundos. Literalmente.

Rapidez. Ese era su poder común. Y también fuerza.
Me agarro del brazo.
— ¡Caroline! Espera.
— ¿Qué quieres? — le dije soltando mi brazo y poniéndome frente a él con las piernas separadas y los brazos uno a cada lado.
—No es lo que piensas— dijo calmadamente mientras yo ardía en rabia. Me acordé de mi padre que decía
“Cuando te enojes fija tu mirada el algo y cuenta hasta diez”
Desvié la mirada a la rama de un árbol. La más gruesa que tenía.
— ¿Entonces que debo pensar?— le dije gritando.
La rama. Hasta diez. 1… 2… 3…
Pero a cada número que avanzaba mi rabia también lo hacía.
— ¡Vamos! ¡Contesta Patrick!
5… 6... 7…
—Tranquila te lo explicaré— dijo sujetando me el brazo.
—No me toques con la mano que la tocaste a ella.
7… 8… 9…
Insistió en tomarme para calmarme.
…10
La rama que había estado mirando se partió en dos cayendo en a un metro detrás de Patrick. A pesar de todo él no se sobresaltó. Es como si hubiera sabido que esa rama caería detrás de él.
Jess salió corriendo y se paró en el marco de la puerta.
—Caroline, tranquila— me dijo acerándose y tomando me la mano. Yo la zafé de un golpe.
— ¡Como eres tan descarado! Tomando me la mano cuando ayer la apartaste. Te fuiste sin explicación alguna. Me evadiste cuando estuviste aquí—  mi voz salía cada vez mas fuerte mientras que le apuntaba con el dedo índice y le daba pequeños golpes en el pecho. Él retrocedía. — Y ¿Sabes qué? Haces que me preocupe por ti y tu como respuesta me evades ¡Haces que te odie!
—Caroline…— dijo tratando nuevamente con su todo de “niño bueno” tratar de calmarme.
— ¡No! ¿Sabes qué? Eres una mierda de persona Patrick Kinsley. Una ¡Mierda! Y no te atrevas a seguirme —me di vuelta y volví al colegio.

Llegue a mi pieza y me tire sobre mi cama. No aguante las lagrimas. Me puse a llorar como no lo había hecho en  años. Y Cheshire gracias a dios seguía durmiendo.

Quería salir de acá. Escapar de esta cárcel. ¿Pero cómo? Podría conseguir un auto. Pero no tenía carnet de conducir. Pero Oliver sí.

Llegue frente a su puerta.
“Ojalá no se esté enrollando con Kate” pensé.
Pero igual me arriesgué a tocar.
—Pase.
Entré y cerré la puerta detrás de mí. Los rasgos de Oliver se le deformaron al verme. Se paró y corrió hacia mí.
— ¿Que ocurre Carline? — dijo abrazando me y sacándome las lágrimas de la cara
No era primera vez que Oliver me veía llorar, de hecho era él, y el único que me podía calmar cuando lloraba. Ni mi Padre, ni Kate, ni Jess.
Cuando éramos más chicos los normal era que Oliver estuviera en alguna parte sentado mirándonos o dibujándonos (ya que desde los diez años que Oliver podía mover ágilmente el lápiz sobre el papel. Haciendo dibujos que alguien más grande desearía poder imitar). Kate corriendo  detrás de un perro, tratando de atrapar un pájaro o simplemente corriendo. Jess, como siempre tan observadora. A esa edad ella no tenía su cámara ya que se la regalaron en su cumpleaños decimocuarto. Y yo, que siempre estuve arriba de un árbol contemplando la nada junto con Cheshire que siempre subía conmigo. Subíamos lo más arriba posible hasta que las ramas rujian bajo mis pies o Cheshire quería echarse una siesta en alguna rama.
Me largué a llorar de nuevo.
—Tranquila, estoy acá— dijo poniendo mi cabeza en su pecho y empezando a tararear unas cuantas notas. — ahora dime ¿Qué sucede?
Me calmé y lo miré a los ojos.
— ¿Tienes carnet de conducir?
— ¿Para qué? Si lo tengo.
—Vámonos de acá— le dije tirándolo del brazo.
— ¿Qué? Eso es imposible. Y… ¿y qué sucede?
—Te cuento en el camino, pero ahora tenemos que correr.
— ¿Y Kate, y Jess?
—No podemos arriesgar a Kate, estará a salvo acá.
— ¿Y Jess?
— ¿Que carajos importa?
Oliver se quedo sorprendido por mi respuesta.
— ¿Y el auto, de donde lo sacamos?
—Tengo una idea.


Estábamos frente a la sala de profesores. Una inmensa sala de dos pisos que ocupaba casi todo el lado derecho del colegio. En esa sala se cumplían los aburridos castigos que los profesores daban. No se te harían hacer ya que jamás me han castigado (en este colegio, si eso es lo que es).
La mesa más cercana a la puerta siempre estaba sola y tenía en cada silla las chaquetas y carpetas de los profesores, además de una o dos tazas de café vacías sobre ella. En los días de clases los profesores se sientan en esa mesa para que cuando sea hora de ir a dar sus clases lleguen más rápido. Pero ahora que no hay clases la mesa sirve principalmente de ropero y custodia.
Para mi suerte había varios pares de llaves sobre ella. Pero yo me fije en la más cercana. El verdadero problema era como las sacaría.

Patrick y Jess vendrán en camino. ¡Había que apurarse!
Espera.
No. Ellos se quedarían allá. Solos.
Oh, Jess. ¿Así que ese era tu chico de intercambio? Por eso te comportabas tan rara cuando preguntaba por Patrick. Porque tu sabias que él estaba y ha estado todo ese tiempo en el bosque.
Sentía como me ardía la cara de rabia. Y Oliver lo notó.
— ¿Carline, estas bien?
Un sonido metálico. Las llaves.
—Oh, dios. ¿Qué ha sido eso? — dijo mirando las llaves con los ojos como platos.
Las llaves ahora estaban en la esquina de la mesa. Me sobresalté al darme cuenta que yo las había movido.
Poder propio. Fuerza mental.  Nada mal.

Me seguí concentrando en las llaves. Algo dentro de mí era como que siempre hubiera sabido que podía hacer eso.
Las llaves se empezaron a levantar de nuevo torpemente y caían haciendo bastante ruido.
Un profesor se dio vuelta al escuchar el sonido. Y no le dio mayor importancia. Siguió en lo suyo.
Llegaron a nuestras manos  dando “brincos” se levaban y caían, se elevaban y caían.

—Carline tienes que explicarme eso.
—Tengo que explicarte muchas cosas. — le dije mientras corríamos por el pasillo para llegar al hall y por fin a la libertad.
Encontrar el auto no fue tan difícil ya que no había muchos y al apretar la alarma este sonó de inmediato.  Fue una de las mejores cosas que nos pudo haber pasado en este instante.
En el viaje le conté todo lo que me contó Scott sobre los Ikall y los Liksa (Pero sin contarle de la existencia de éste) y también de lo ocurrido con las llaves, que era mi poder común, y lo ocurrido con Patrick y Jess.
—Woah, no me imaginaba de Jess, de hecho no me lo imagino de Jess.
—Oliver ¿Te acuerdas que siempre desaparecía en las tardes?
—Si
—Bueno a donde crees que iba ¿A estudiar? Vamos Oliver sabes que este semestre le fue horrible en los exámenes finales.
— ¿No que estaba aprendiendo francés con el chico de intercambio?
— ¡Oliver! pregúntale alguna palabra en francés, a que no se sabe más de cinco.
—De acuerdo, de acuerdo. Pero todavía no encuentro el problema, se supone que tu lo detestas ¿Verdad? — Dijo mirándome de reojo.
Oh, dios. Ahora sí que gane un record de la persona que se sonroja más rápido. Oliver dibujo una sonrisa en su rostro y centro su vista nuevamente en el camino.
—Pero no creo que sea así, las veces que los he visto están muy apegados. — Oliver empezó a usar el tono que siempre usaba para molestarme. Creo que disfrutaba viéndome nerviosa y sonrojada. Oh, no Oliver. ¿Acaso me quieres matar de un infarto?
— ¿Las veces que nos has visto?
—ha ha Carline, el mundo es pequeño.
—Dime las veces que nos has visto.
— ¿Qué tienes miedo que sepa algo importante? — lo fulminé con la mirada.
—A ver déjame pensar, esa vez en las bancas.
—Oliver, estaba desmayada.
—Pero según lo que supe, tú le pediste que salieran.
—Porque me sentía mal.
—Y esa vez en la pradera cuando empezaste a jugar con él. Yo te vi contenta, hasta te reías, algo raro por cierto.
— ¿Dices que soy una margada?
—No, es solo que tu solo ríes con chistes pero normalmente siempre estás callada o pensativa.
—Hey, tu sabes mejor que nadie que me pierdo del mundo. Me gustaría hacerlo para siempre— lo último me lo dije casi en un susurro para mí.
— ¿Qué?
—Nada.
— ¿No lo has besado aún? — no sé porque me sonroje con esa pregunta. Oliver me habrá hecho esa pregunta más de dos veces. La Última vez que me lo dijo se refería a mi novio, el que tenía allá en casa, del que Scott hablaba la otra vez.  Se llamaba Adrik, era alto con unos llamativos ojos verde claro, tan claro que casi brillaban, su pelo era castaño pero no como el de Patrick, si no más claro y desordenado. Y hablando de su físico tenía un torso muy bien desarrollado, además de fuerza ya que jugaba en el Equipo de rugby, pero algo que me gustaba de él, es que no era tan engreído como los demás de rugby.
 Amaba estar con él, ya que nos entendíamos perfectamente. Él me hacía sentir segura. Pero todo lo bueno tiene que terminar ¿No?  Duramos dos hermosos años y terminamos en buena, tres meses antes de venirme. El tiempo suficiente para olvidarme de su cálida protección. Aunque no del todo. Hasta el día de hoy tenía que admitir que se metía en mis sueños. Como la noche en que Patrick se quedó en mi pieza. Esa fue una de las noches donde Adrik se apoderó de mis sueños.
Dicen que el primer amor es el más difícil de olvidar.
—No.
— ¿No piensas hacerlo?
—Oliver, ¿No me has escuchado nada de lo que te dije? Patrick estaba con Jess. El día anterior me corrió la mano. Por mucho que quiera, no sé, es raro, un día está prácticamente encima de mí y al otro me evade como si fuera una peste.
— ¿Para qué me mientes Caroline? Tu misma lo dijiste “Por mucho que quiera…” vamos si se nota que te gusta. A mí no me engañas después de tantos años conociéndote.
—No se Oliver, es extraño. No es lo mismo.
—No es lo mismo— me imitó él— ¿Lo mismo a qué? No pretendas cambiar a la gente Carline, él no será como Adrik. De hecho no sé porque terminaron. Eran simplemente perfectos. Se llevaban tan bien, nunca pelearon y hasta terminaron de la mejor manera y se seguían hablando.
—No, Oliver no lo compares con Adrik, el era sensacional y jamás se portaba tan extraño. Nunca me evadió y después me hablaba lo más cariñoso. De hecho nunca me evadió. Y sabes porque terminamos. Sabes perfectamente que estaremos acá hasta que terminemos todos nuestros estudios.
—Déjame hacerte una pregunta.
— ¿Qué es?
—Si Adrik volviera, estuviera acá o tu allá. ¿Volverías con él?
—Si— respondí casi instintivamente. Total, Patrick si quería evadirme, bueno. No valía pena alguna.
—Bueno, ahora vamos para allá. Le daremos una pequeña visita.

Después de eso me fije en un GPS que tenía el auto. Mostraba un mapa. Nosotros estábamos viajando por la carretera principal (según el GPS). Lo tomé y empecé a achicar el mapa como para ubicarme donde estaba pero en vez de eso, el mapa se achico solo un poco más, mostrando perfectamente un gran circulo. Nosotros viajábamos por la carretera que estaba al centro de este y formaba una circunferencia más pequeña dentro de esta. Me di cuenta de cuanta distancia teníamos del colegio. Era la nada misma. Pero habíamos viajado por lo menos media hora. Eso significaba que estábamos en un lugar muy grande. ¿Pero dónde? No recuerdo algún lugar que tenga una forma tan perfectamente circular.
Me acordé de algo.
Mi Padre.
Él me hablaba de eso. Él me hablaba de esto. Él sabía todo. Él trabajaba en esto o ¿el era uno de nosotros? Y supongo que sabía que era yo.
Oh, papito no sabes cuánto te necesito ahora.
—Oliver.
— ¿Qué ocurre?
—Ya sé porque nos decían que no podríamos escaparnos. No se referían del colegio. Porque apuesto que muchos se han fugado. Pero el problema no es escaparse del colegio, es salir de acá.
— ¿De acá?
—Mira— le dije mostrándole el GPS— estamos en un circulo jamás podremos salir de acá, estamos en una “abducción” como lo llamaba mi papá.
— ¿Y qué es eso?
—Son como esas cosas que salen en las películas que te metes a una entrada “mágica” y llegas a otro mundo. Es como eso. Este lugar tiene una entrada y solo por ahí puedes entrar o salir.
— ¿Es decir que estamos en otro mundo?
—No, no en otro mundo. Seguimos en el planeta tierra pero dentro de una de las miles de “abducciones” que los Ikall hacen.
— ¿Cómo sabes eso?
—Me lo contó mi papá. Sospecho que el también es un Ikall y que trabaja con ellos, por eso viajaba tanto.
—Tiene sentido. Además él fue el que te entregó el collar con la piedra ¿cierto?
—sí.
No sé porque algo dentro de mi esperaba que Oliver no me  creyera pero después de todas las cosas que le han contado sobre los Ikall y los Lucifer ahora hay que esperar hasta que nos digan que los unicornios existen, que su sangre te hace inmortal, que las hadas viven los bosques y las sirenas en las saladas aguas del mar y que Harry Potter de verdad es una leyenda en el mundo mágico y que el señor de las tinieblas existió hace unos años atrás. Bueno creo que eso es sobrepasarse.

Oliver detuvo el auto.
A lo lejos entremedio de los árboles se distinguían varias formas negras deambulaban sin rumbo alguno. Sus pasos eran lentos. Se mesclaban unos entre otros para luego desaparecer en la espesura del bosque.
Uno se dio vuelta. Lo único que puede ver era su escalofriante cara. No pude ver bien sus rasgos pero su piel era inhumanamente blanca. Peor que como salen los vampiros en los libros.

—Oliver,…ponle reversa— le dije sin despegar la vista al frente. Los sujetos se empezaron a dar vuelta uno por uno. Lo que más me sorprendió fue que los que estaban más cerca del primer sujeto no se dieron vuelta primero sino los últimos de atrás. Como si se pudieran leer las mentes. Bueno en este extraño mundo de que formo parte eso es bien probable.
— ¡Vamos! — le grité ya que ahora la gran mayoría nos miraba con sus pálidas caras. — ¡Salgamos de acá!

No avanzamos ni dos kilómetros cuando el auto se detuvo.
— ¿Y ahora qué?, ¿Qué ocurre? ¡Vamos por el amor de dios!
—Se ha acabado el combustible. — dijo tratando de hacer andar el auto nuevamente, pero sin resultado positivo.

Las veía por todas partes. Las formas negras se acercaban, y tanto Oliver como yo sabíamos que eran nada más y nada menos que LIKSAS.
Ojala que no me hayan descubierto. Se supone que todavía no era definida 100% como Lucifer ya que mis poderes todavía no habían salido a flote. O la mayoría.

Podía ver en Oliver terror, miedo, angustia, desesperación. Él sabía que a quien ellos querían era a mí y también sabía lo que querían hacer conmigo.
“Si me descubren, me tendré que dar por muerta. Ellos son PHE, PPEC y PPEP. Perfectamente un PHE se podría convertir en tigre y darme caza en menos de un minuto. Un PPEC podría usar su fuerza y partirme la cabeza solo con sus manos o un PPEP podría perfectamente asarme con su fuego, ahogarme con agua, o podría levantarme con la mente como lo puedo hacer yo y dejarme caer tantas veces como se le dé la gana o hacer que vea cosas tan horribles que me empiece a matar sola. Nunca subestimes a tus enemigos pero tampoco los sobreestimes. ¿Y si este es mi último día de vida, mi última vista al sol? Con suerte pude saber cuáles eran mis poderes comunes y poder controlas bien el propio y sabes que otras más cosas podía hacer con él. Con suerte me despedí de Kate, Scott  de mi padre. Perdón padre no te podre ir a visitar. ¡Y si este era mi último día, de verdad que fue un día de mierda!” Pensé.
Salí de auto rápidamente y saqué a Oliver. Lo tomé de la manga y empezamos a correr. Yo corría lo más rápido que mis músculos me lo permitieron después del entrenamiento con la señora Gibson.
Sentía como esas figuras nos seguían y nos iban rodeando.
“Si esas cosas eran PHE, PPEC y PPEP ¿Por qué no usaban sus poderes contra nosotros?” pensé. Pero en ese momento era mejor correr que poner a prueba los poderes de los LIKSA.
En se instante que estaba distraída algo me tomó el pie haciendo que me cayera de cara al suelo. Me quede sin aire por unos segundos producto del impacto. Oliver se dio cuanta y se dio vuelta. Sus ojos mostraban miedo.
—Corre, ¡yo me encargo! —Dije tratando de respirar ya que esa cosa estaba arria mío. Y que digamos no era una pluma. Oliver no me hizo caso y vi como volvían y esas cosas lo seguían.
— ¡Que corras te digo! — le dije botándolo de un golpe, pero no físico, sino que con mi mente. Y creo que me sobrepasé porque al levantarse se empezó a sobar donde se había golpeado. —Perdón, no me medí. ¡Pero ahora corre! Te alcanzo.
Él lo dudó un momento pero después me apunto al bosque que estaba a la izquierda. Eso significaba que solo correría a la izquierda.
Me di vuelta para quedar frente a frente con esa cosa. Era literalmente escalofriante. Pero tenía algo de atractivo. Puede ser que en sus días de Ikall fuera realmente atractivo, pero ahora… Su blanca piel casi transparente, sus ojos sin iris. Solo tenían una pupila al centro y nada más. No tenía color. Las raíces de sus cabellos eran negras pero las puntas eran de un tono café.
— ¿Qué eres?
—U…Un... P...PPEP
—Mmm ¿Qué poder tienes preciosa? — ¿para qué diablos me pregunta eso?
—Fuerza mental.
— ¿Y tu novio?
—No es mi novio.
El ladeo la cabeza. Tenía un aspecto terrorífico pero su voz todavía era normal. Escuchaba como hablaban los otros y tenían una extraña forma de hablar. Hablaban como… serpientes... si eso… marcaban demasiado las S pero este LIKSA creo que hace poco se convirtió, por eso habla todavía algo normal y tiene la otra mitad del pelo café.
— ¿Qué es?
— ¿Me quieres dejar ir? — le dije. No parecía muy peligroso pero lo subestime. El estaba arriba mío y con sus piernas me empezó a apretar. — ¡HAAAAA, DETENTE!
—No me vuelvas a contestar así. ¿Qué es?
—Es mi amigo y es PPEC. — le mentí ya que si llegaba a saber que era humano probablemente lo maten.
— ¿Qué poder tiene?
—Todavía no sabemos, se está iniciando.
—No te creo.
—Pues créeme. — me volvió a apretar.
—Mueve algo.
Mire hacia una hoja que estaba a mi lado y la empecé a levantar forzosamente. No se levanto más de  cinco centímetros ya que no podía más. No sé como traje las llaves, rompí esa rama y empuje a Oliver.
Empecé a llorar. Ojala me creyera.
—Por favor déjame ir.
— ¿Por qué tendría que hacerlo?
—Por favor— empecé a sollozar más fuerte. Mi cara ya estaba mojada por las lágrimas.
Di vuelta mi cara y la apoyé en el frio pasto y me largue a llorar silenciosamente. Esta vez de verdad. “Si me mata que lo haga rápido” pensé.  Y llegó. Lo último que vi fueron las negras pupilas del joven.







No hay comentarios: