— ¡Nickolas!
— ¿Nos hemos presentado? —me estresaba que la gente con la que no tenia ni una especie de relación me llamara por mi nombre. Menos esa perra— soy Walkovic para ti.
—Perdón, soy Sarah. —dijo tendiéndome la mano. ¿A que juega? Yo sé la miré y no le respondí.
— ¿Qué quieres? —me miro con cara atónita y retiró la mano.
— ¡Que caballero!
— ¿Sabes? Voy con prisa. Si non tienes nada que decir mejor que me vaya.
—No, te quería decir que te han nominado presidente del club de dibujo. ¿Aceptas?
— ¿Quiénes lo componen? —ante mi pregunta quedó atónita.
—Somos 5, contándote 6. Stephanie, Mary, Lucy, yo y… la pelirroja… Susana.
—No gracias. —me di media vuelta y seguí con mi camino. No me apetecía estar en una clase llena de chicas que diciendo la verdad su propósito numero uno no iba a ser convertirse en buenas dibujantes.
Llegué a las rejas del colegio y me encontré con un pequeño mural. Donde ponían todas las actividades del colegio. Me dispuse a buscar el deporte que yo practicaba.
Rugby, tenis, futbol americano, teatro, taller de dibujo, música, karate, judo, cheerleaders, danza, ballet. Y el último Natación. Ahí estaba. Horario, después de clases en las tardes, todos los días. Inscripciones hoy a las 5:45 o mañana a la hora de almuerzo.
Hoy como era el primer día salíamos a las 2:00 cuando normalmente salíamos a las 1:30 para tener un Break de cuarenta y cinco minutos para empezar a las 2:15 y terminar las clases a las 4:00 de la tarde.
Empecé a caminar hacia mi casa hasta llegar a un vasto y elegante barrio residencial, donde las enormes casas se elevaban imponentes y glamorosas en las calles. Hermosas rejas negras con elegantes figuras resguardaban coloridos jardines con delicadas fuentes de agua donde pequeños pájaros revoloteaban. En una de las imponentes construcciones había un árbol que sobresaltaba ante los demás por su elevada altura y unas hermosas hojas tono morado rojizo. Esa era mi casa.
Al entrar mi ama de llaves, Marian, me vino a recoger mis pertenecías y depositó un tierno beso en mis mejillas. Ella ha sido prácticamente mi madre. Mi madre murió cuando tenia un año de vida y a causa de eso con mi padre nos mudamos a esta casa. Mi padre es ni más ni menos que uno de los más importantes científicos revolucionarios de la época, Jov Walkovic.
Y aquí estoy desde que tengo un año. Con tres empleadas en la casa y un mayordomo. Marian que es como mi madre ya que me ha cuidado desde que nací, ella era ama de llaves de mi madre. De las otras dos no se más que sus nombres. Andrea cocina, como los dioses, y Mary hace el aseo. Y nuestro querido mayordomo que fue como padre de mi padre, tiene millones de años y se llama Ralph, pero yo le apodé Rodolfo cuando era pequeño y desde entonces todos los años en navidad se disfraza de éste.
Subí a mi habitación y antes de abrir la puerta ésta se abrió de golpe y salió una muchacha de rubios cabellos con una apariencia infantil.
—¡Nickolas! —me gritó la risueña saltando sobre mi y haciendo que los dos cayéramos de espalda sobre el suelo.
— ¡Giselle! —dije parándome y dándole un fuerte abrazo levantándola del suelo haciendo que su blanco vestido hiciera ondas a su alrededor.
Giselle. Una chica de dorados cabellos y unos ojos tan celestes como el cielo. Con finas fracciones y cuerpo de una bailarina y tan delicada como una. Mi mejor amiga desde que tengo sentido de la razón. Los dos tenemos mucha historia hasta llegamos a ser algo más que amigos, pero no duró. Ella es la única humana, por así decirlo, que sabe que yo no lo soy.
Los dos nos quisimos, los dos nos lloramos y los dos todavía nos deseamos pero nos mantenemos al margen por el deseo de que nuestra amistad perdure. Ya que todo lo que empieza tiene que terminar ¿No?
—¡Cuánto te he extrañado! —dijo contra mi pecho.
—Lo mismo digo. —le dije rodeándola con un brazo y entrando a la habitación. Nos sentamos los dos en la cama. —¿Cómo ha estado tu viaje?
—Increíble. Todo era tan hermoso y perfecto, pero claro que no faltaron algunas peleas.
—¿Tu padre con tu hermano?
—Si. —Su hermano, un rebelde sin causa pero justificadamente, pelea regularmente con su padre porque éste desea que se convierta en un hombre de negocios y él lo único que desea es vivir su vida.
—¿Qué ocurrió?
—Mi padre habló con la universidad donde estaba, le canceló los estudios y lo metió en algo de negocios. No me preguntes cual pero mi hermano no se como se enteró pero fue a alegarle a mi padre de inmediato. Él se reusó a cambiarlo y mi hermano se fue.
—¿Te dijo algo?
—Si, se fue a despedir y le dije que me llevara con él, pero dijo que le traería muchos problemas salir con una menor pero que cuando tuviera la edad me llevaría con él y podría hacer lo que yo quisiera con mi vida.
Una de las cosas que Giselle mas amaba en la vida era la danza. Bailaba desde salsa hasta un balls. Y sus bailes favoritos el tango y el flamenco; y además practica acrobacias áreas en tela. Ella quería estudiar danza, profesora de ballet para ser más específicos, pero su padre no la dejaba, él quería que su hija estudiase derecho.
—¿Quieres ver una película? —le dije para cambiar un poco el tema.
—¿De las que me gustan? Supongo que no son las mismas de siempre.
—Había un remate la semana pasada de películas de terror y sabía que llegarías tarde o temprano.
—Que esperamos, vamos a verlas.
Y así pasamos el rato. Viendo las películas que compré para su llegada. De esas que sabía que ella amaría.
Desde pequeños vemos películas de terror, pero en mi casa a escondidas ya que su padre no la dejaba ver películas o ir al teatro porque decía que eran cosas que hacían perder el tiempo y atrofiaban el cerebro.
—Me gustó más la dos. —dijo ella con una sonrisa en su cara.
—Yo encuentro que estaba mejor la tres, en la dos había mucha sangre sin sentido.
—¡Mentira! Lo dices solo porque en la dos mataron a la joven. —decía pegándome en el hombro y lanzando unas risas.
—Como quieras, la dos esta mas chida. —dije por vencido. Ella puso una sonrisa triunfante y apoyó su cabeza en mi hombro. Yo le pasé el brazo por sus hombros.
—Gis. —le dije bajando la cabeza. Ella me miró. Me acerqué a ella lentamente haciendo que nuestras narices chocaran una contra la otra. Vi como se sorprendía y se empezaba a sonrojar.
—Te ves hermosa hoy.
Y la besé. Nos sumimos en el beso más y más profundo pero Gis me corrió la cara en un momento.
—No. —dijo respirando entre cortado, bajando la mirada.
—¿Qué ocurre? —dije levantándole la cabeza por la barbilla. Pude ver sus ojos húmedos a punto de tirar todo afuera. Ella negó con la cabeza. —Gis, mírame. Te quiero y sé que tú me quieres, no engañamos a nadie con todo esto.
—Ya hemos hablado de esto. —dijo casi llorando.
—Gis ¿Qué ocurre? —dije tomando su cara con ambas manos.— ¿No ves? Te quiero, te amo. Quiero estar contigo y ya sé que hemos hablado esto pero no es como tú piensas. Podemos estar juntos por siempre. Sé que suena tipo película romántica y lo que quieras pero es verdad, no te dejaría, sabes que no, y tú quieres lo mismo. No entiendo cual es el problema.
—Nickolas —dijo casi en susurro— mi padre…
—¿Tu padre?¿ Él es el problema? —dije de inmediato. Pero ella negó con la cabeza.
—Estoy comprometida, mi padre me obligó.
—¡Que! —dije casi a grito.— ¡No puede hacerte esto, tienes solo 16 años! ¿Por qué lo hace?
—Ya que mi hermano se ha ido tiene que tener otra manera de seguir con el negocio y no se le ocurrió mejor cosa de casarme con el hijo de uno de sus mejores empresarios, ya que él sería capaz de seguir con la empresa.
—¡Cásate conmigo!
—Nickolas…
—Lo digo enserio. Cásate conmigo. —le dije arrodillándome en el suelo. Ella me abrazó y se puso a llorar en mí. Yo la rodee con los brazos.
—Te diría que “Sí” mil veces pero ya estoy comprometida. En un mes me van a mandar a vivir con él.
—Pero soy Walkovic ni un padre diría no a su hija si se propone casarse con un Walkovic. Puedo convencer a tu padre, controlar la empresa, casarme contigo y tú podrás ser una hermosa bailarina como siempre soñaste. Primera vez que amo tener ese apellido. ¿Qué dices Giselle Walkovic?
—¿Crees que sea posible? —dijo ella sonriéndome y secándose las lagrimas de los ojos. La agarré de la cabeza y le di un beso apasionado.
—Por ti todo es posible.

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