Narrado por Caroline
Salimos de su casa y empezamos a caminar hacia el bosque. Después de dos horas de caminar llegamos al lugar donde nos habíamos encontrado a los Liksa. A lo lejos se veía el auto.
—Saquemos el GPS, nos podría ser de ayuda. — dijo Oliver corriendo hacia el auto. Yo lo seguí pero no al mismo ritmo. Cuando llegué donde Oliver éste me miró.
— ¿Qué ocurre?
—Alguien estuvo en el auto. Las llaves están puestas y yo las dejé en el asiento y tu chaqueta está en el puesto del piloto.
—Oliver, estaba lleno de Liksas, cualquiera pudo haber sido.
— ¿Pero si tienen tu olor y te están buscando?
— ¡No son perros! — Oliver me quedó mirando tratando de acordarse si tenían algún tipo de súper olfato, pero no.
—De acuerdo. Toma el GPS. —me pasó el aparato en las manos y seguimos nuestro recorrido por el camino por el que habíamos venido hasta acá. Habían altos arboles por ambos lados del camino.
Después de un buen rato de caminar empecé a sentir algo extraño. Ruidos. Algo que nos seguía. El ambiente era pesado.
—Oliver.
— ¿Qué? — dijo él sin darme mucha importancia y sin parar de caminar
—Algo nos sigue.
— ¡Que!
—Siento que algo… nos sigue.
— ¿De verdad?
—Si… siento algo… VEO UN OJO. — en ese momento paso por mi mente la imagen de miles de ojos sin iris siguiéndonos.
Y empezaron a aparecer una por una miles de sombras negras.
—Oliver corramos y no me sueltes— dije tomándolo de la muñeca y corriendo hacia el bosque.
Uno se adelantó y nos iba alcanzando. Pude ver que era Lick.
Cuando estaba a punto de tomarnos a los dos por la espalda algo grande y blanco lo botó al suelo. Scott.
— ¡Scott! — grité. Éste se dio vuelta rápidamente, volvió a su forma humana y me abrazó.
—Caroline— tenía su cara hundida en mi pelo y con sus fuertes brazos me quitaba la respiración— que bueno que estas bien. — me susurró al oído.
Oliver pensando que Scott era un Liksa le pegó con toda su fuerza. Scott no se movió ni un centímetro y se dio vuelta hacia Oliver.
— ¡Tranquilos! Oliver él es Scott. Mi guardián.
— ¿Scott? El hijo de la señora Isabel.
— ¿Cómo sabes eso?
—Larga historia ahora corramos. — les dije tomando a los dos muchachos por las mangas y empezando a correr. Scott se transformó en la pantera blanca y nos subimos los dos a su lomo. Llegamos hasta el centro del bosque. Los habíamos perdido de vista.
—Caroline estas en peligro. Los Liksa sospechan que podrías ser tú el otro Lucifer.
— ¿Y que soy acaso?
—Shh solo un simple PPEP. — Scott tenía la misma mentalidad que yo. —Lo peor es que si sospechan que tú eres te mataran igual. Aunque no lo seas, total ellos no pierden nada, solo ganan una sospechosa menos.
— ¿Entonces, cual es el plan?
—Tenemos que separarnos. Patt está a unos kilómetros de acá. Irán juntos y por lo que más quieran del mundo no se separen. Si se llegan a encontrar con un Liksa no duden en gritar, aunque este camino ya lo recorrí y está libre de Liksas.
No lo pensé dos veces y empecé a correr. Oliver hiso lo mismo.
Pero algo…
Eso de nuevo…
Esas cosas me seguían. Lo sentía.
Uno se tiró por detrás de mí haciendo caer con un golpe seco en el suelo. Me quedé sin respirar unos segundos. Una de las costillas me dolía. Seguramente estaba rota.
Él tipo que tenía encima de mi tomo mis maños las sujetó atrás de mi espalda y me levantó. Al quedar frente a él me tomó el cuello con la otra mano.
— ¿Qué apuro tienezs pequeña?— a eso me refería cuando hablaban extraño. No solo eso, su voz era tan gruesa que daba miedo.
Me debe de haber estado levantando unos tres centímetros del suelo. Dirás que es poco pero no es nada agradable que te levanten por el cuello.
Trate de mirar hacia donde estaba Oliver quien lo retenía otro Liksa. Éste le sujetaba la mandíbula hacia arriba.
Excelente tu plan Scott. Te felicito. ¿Y si los idiotas nos agarraban de la cara sin dejarnos hablar? De hecho con suerte respirar.
El Liksa que me agarraba se dio cuenta que buscaba a Scott y tomo tan fuerte mi cabeza que me obligo a quedar frente a sus horribles ojos sin color.
— ¿Y zsi tu noviezcito muere? — en ese mismo instante vi las imágenes más horribles que pude haber visto en mi vida. Parecían tan reales que me dio la sensación que estaban pasando justo al lado mío.
Oliver estaba al lado mío, todavía bajo el agarre del Liksa quien lo apoyó a un árbol y le empezó a golpear en este, como quien fuera un saco de boxear. Yo gritaba como loca pero nada parecía funcionar. Oliver después de unos cuantos golpes cayó al suelo sujetándose el estómago. Empezó lentamente a caerse de lado hasta llegar al suelo donde empezó a toser sangre y más sangre.
Yo lloraba amargamente al ver su cara toda morada y manchada con ese vital liquido que perdía por montones. Después el Liksa sacaba un cuchillo de debajo de su cinturón y le mandaba un corte en su mejilla derecha. Esta empezó a sangrar sin control.
Yo le gritaba a Oliver que corriera, aunque sabía que respiraba a penas.
Oliver empezó a toser más y más sangre hasta que quedó rodeado. El Liksa miró el cuchillo y se dio vuelta hacia Oliver. Le clavó el cuchillo en la cabeza. El golpe que fue su final.
De golpe volví en mí sudando frio, gritando y moviéndome como histérica. Quería arrancarle la cabeza a ese Liksa por haberme hecho ver semejante atrocidad. Miré a todos lados desesperada buscando a Oliver y ahí estaba. Todavía bajo el agarre del Liksa. Me di cuenta que debí de haber montado un numerito con esa visión que lo dejó más que preocupado.
De la nada el Liksa me giró y volví a esos negros ojos.
Sentí algo extraño en mí. Todo pasó tan rápido, casi en menos de un segundo pero igual lo pude percibir. Era como que todos mis recuerdos se revolvían y mesclaban. En ese segundo no pude dejar mis ideas claras.
—Mira, mira, encontré a alguien mazs importante para ti. — Patrick pensé instintivamente — Pero creo que ya me encargue de ezse muchacho hazce rato. ¿Quierezs ver como lo maté?
¡QUE! Oh no era imposible. ¿Es imposible cierto? Patrick no puede estar muerto. No es imposible, todo esto es una vil broma. Solo eso.
Empecé a ver un joven correr. Yo miraba todo desde la perspectiva del Liksa. Cuando me di cuenta era Patrick. Él Liksa lo alcanzó pero Patrick hiso una barrera de fuego de varios metros de alto y ancho. El Liksa la rodeó y siguió corriendo al llegar a él lo botó y le empezó a pegar en el estómago y en la cara. Le hizo dos tajos en las piernas y se empezó a reír con frías carcajadas, después le rajó la polera y también el estómago haciendo que sangrara.
Le enterró la cuchilla en el antebrazo y se lo empezó a abrir. Los gritos desgarradores de Patrick resonaban en mi cabeza. Gritaba y se movía como loco por el dolor. Cuando el Liksa le dejó un agujero empezó en el otro, el que tenía vendado. Patrick gritaba y le corrían algunas lágrimas que se mesclaban con la sangre que le había hecho el Liksa anteriormente.
Era cosa de minutos para que muriera desangrado así que se levantó y se echó a correr. Patrick quedó tendido en el suelo mirando al nublado cielo.
Al despertar del trance lo primero que hice fue mandarle una patada en donde más le duele al Liksa. No será humano pero era hombre y ese truco no era primera vez que me funcionaba. Se tiró al suelo como un niñito y empezó a maldecir en un idioma que según yo era ruso.
Él otro Liksa se sorprendió pero alcanzó a reaccionar. Tomó a Oliver por el cuello y me empezó a apuntar con el cuchillo. Yo lo mande volando. Nadie me apunta con un cuchillo.
En ese momento me di cuenta que mis nervios, ansiedad, miedo y adrenalina estaban a mil. Las lágrimas corrían por mis mejillas por millones. ¿Razón? No sé.
El Liksa tenía una cara de los mil diablos. No entendía nada y lo mande a volar al igual que a su cuchillo. Tomé a Oliver, lo abrasé, sentí su perfume y vi sus ojos. Esa visión que me había hecho ver el Liksa fue tan real que no podía creer que Oliver estuviera vivo.
— ¿Estas bien? —me preguntó en un susurro mientras me acariciaba el pelo para calmarme.
—Tenemos que correr— fue mi única respuesta. Tomé a Oliver por la muñeca y con las lágrimas aun resbalando por mis mejillas y empecé a correr.
Esa maldita visión se me paseaba a cada rato por la mente. Era tan real que lloraba más aún al pensar que Patrick estaba muerto. No lo creía.
¡Maldito hijo de puta! ¿Quién te dio el derecho de matar a Patrick?
Una de las cosas que más me preocupaba, y no sé porque, era el hecho de que haya muerto y nosotros estuviésemos peleados y tan separados. Era algo no lo podía soportar. Sabía que llegaría donde él y ya sería tarde para arreglar las cosas.
Oliver corría a mi lado sin pronunciar ni una palabra mientras yo lloraba amargamente. Mi cara estaba totalmente empapada de lágrimas y mis ojos estaban rojos. De vez en cuando lanzaba algún suspiro.
Me refregaba las lágrimas con el puño de mi mano pero esta se mojó enseguida.
De vez en cuando tropezaba con algunas ramas y rocas, pero una fue la que finalmente me dejó en el suelo. Me largué a lloran nuevamente ahí tirada en el suelo, con la cara con tierra y hojas.
Si en ese momento hubiera llegado un Liksa no tendría la fuerza para pararme y huir.
Estaba ahí casi diciendo “Vengan, mátenme como lo hicieron con él, acá estoy. Su tesoro más codiciado”
Pero no estaba sola. Oliver se sentó a mi lado y me levantó. Me tomó entre sus brazos y me calmó como solo él y nadie más lo sabe hacer. Me quitó la tierra y las hojas pegadas a mi cara con las lágrimas.
No me había dado cuenta cuanto extrañaba a ese Oliver tan sobreprotector que no lo había visto desde que llegamos acá.
No hablamos ni una palabra. Nos levantamos y seguimos corriendo como si nada hubiera pasado.
Pero no lo podía soportar. Las imágenes de la muerte de Patrick se asomaban una y otra vez en mi cabeza haciéndome llorar nuevamente.
¡Vamos! Parecía una niña de cuatro años. Soy una llorica.
Una chispa encendió mi esperanza. Literalmente.
A lo lejos se veían llamas, la única respuesta posible de su causa. Patrick.
— ¡Oliver, es Patrick! — Oliver al ver mi cara esbozó una sonrisa y movió la cabeza de un lado a otro como negando. A lo lejos vi un bulto negro apoyado en un árbol. Corrí como nunca había corrido antes, y creo que corrí más que la vez que nos encontramos con los Liksa por primera vez.
Al acercarme más pude divisar que era Patrick pero algo horrible me dejo paralizada. Deje de correr y me quede a unos metros de él, contemplando su ensangrentada cara. No haya la hora de ponerme a llorar de nuevo.
No fue todo una simple visión.
Me caí de rodillas al suelo y empecé a llorar nuevamente. No sé como todavía me salían lágrimas. A Oliver le faltaban unos cuantos metros para alcanzarme pero creo que escucho mi llanto.
Sería difícil no escucharlos.
—Caroline. — escuché entre mis sollozos. ¿Sería Oliver? — Caroline — oí decir de nuevo. No me alcancé ni a secar las lágrimas cuando algo me abraza.
Y era nadie más y nadie menos que Patrick.
Se separó de mí y me miró a los ojos. Cuanto temía no volver a ver esos verdes ojos.
—Estás vivo— dije poniendo mi mano en su cara que quedo prácticamente llena de sangre.
— ¿He estado muerto alguna vez? — dijo el esbozando una sonrisa. Lo abrasé y empecé a llorar. Nuevamente. Por todo esto quedare como llorica de por vida.
— ¿Y esta sangre?
—Un corte que me dieron en la cabeza. La cabeza es exagerada.
Oliver llegó a nuestro lado jadeando.
—Woah jamás te había visto correr así.
— ¿Tienes de poder rapidez?
—No que yo sepa.
— ¿Has descubierto alguno?
—Fuerza mental.
— ¿La sabes utilizar bien?
—Algo. Todavía no descubro que más puedo hacer con ella. Dicen que la fuerza mental tiene varias utilizaciones.
—Según lo que se los fuerza mental pueden mover cosas con la mente, a veces ver o presentir lo que sucederá es decir el futuro cercano y hacer campos de fuerza.
— ¿Cómo eso de futuro cercano?
—Puedes ver lo que sucederá en unos minutos u horas pero no lo que pasará en semanas o meses. — Esta vez fue Oliver quien contestó.
—Sí. Yo sentía cuando estábamos cerca de los Liksa. Es decir sentía un presentimiento extraño. Como sombras. El mismo que siento ahora.
Hubo un momento de silencio.
—Será mejor que nos pongamos en marcha. Caroline atenta, se te puede aparecer un Liksa en cualquier momento.
Y así empezamos a caminar Patrick a la derecha ya que su otro brazo estaba malo, y si lo atacaban por ese lado sería difícil hacer algo. Oliver iba al centro y yo a la izquierda.
Después de unos cinco minutos caminando, que parecieron horas, empecé a jugar con una piedra.
La hacia levitar frente a mí y la dejaba caer. En una que la piedra se me pierde tomo una ramita, no la alcancé ni a levantar cuando ardió en llamas. Miré instintivamente a Patrick y este solo me sonrió.
Una rama crujió. Nos dimos vuelta y nos dimos cuenta de algo. Nos habían estado siguiendo hace rato. Estábamos rodeados. Había miles de manchas negras a lo lejos.
— ¡Has un campo de fuerza! — me gritó Patrick
— ¿Cómo hago eso?
— ¡No sé, intenta algo!
Me concentraba al máximo pero no podía. Como haría algo que jamás había hecho ni sabía hacer.
Un Liksa se me acerco por la derecha, yo me di vuelta y lo mande a volar.
—Eso Caroline, has eso varias veces.
Hice eso mismo varias veces creando un círculo alrededor mío.
—Woah esto es genial.
—Has uno alrededor de Oliver — me grito Patrick que estaba achicharrando a un Liksa. Corrí donde Oliver y le hice uno a su alrededor, apenas me aleje unos metros se dibujó un circulo de fuego alrededor de Oliver y el campo de fuerza. Mande volando a unos cuantos Liksa y Patrick los hacia arder en llamas. O cuando se acercaban unos a Patrick yo los dejaba inmóviles, él los quemaba y yo los hacia volar.
Sin darme cuanta empezaron a pasar flechas al lado nuestro.
— ¡Patrick!
—Tranquila, has un campo de fuerza a tu alrededor. Y será mejor que revises el de Oliver ya se debe estar desarmando.
Fui corriendo donde Oliver y así era. El campo de fuerza no dura para siempre y se empezaba a agujerear. Oliver estaba sofocado en calor ya que entraba por los agujeros. Yo atravesé el fuego como si nada, este se separaba a mi presencia y me metí dentro del campo de fuerza de Oliver. Mis campos de fuerza no me podían poner resistencia. Empecé a sellar el campo de fuerza poco a poco una flecha alcanzó a entrar por el ultimo agujero pero cayó al suelo sin más. Me fijé en la flecha. Era de madera. Perfectamente esa flecha puede ser mi fin o el de Patrick.
Salí rápidamente hacia Patrick para hacerle un campo de fuerza. Lo rodeé y seguí matando a los Liksa que se acercaban peligrosamente.
El escenario era realmente horrible y asqueroso. Miles de cadáveres tirados en el suelo, algunos quemaos dejando ver grandes heridas que algunas llegaban hasta los huesos, caras deformadas, brazos rotos en ángulos inhumanos, cráneos rotos , Liksas afectados por los golpes que caían con golpes secos en la tierra o sobre duras piedras que muchas veces les partía el cráneo y algunos yacían en su propia sangre. Pero a nadie le importaba, los otros Liksa que seguían vivos seguían tratando de matarnos. Eran miles contra dos o tres ya que Scott recién había llegado. Nadie se preocupaba por los heridos o los moribundos, después de todos esas cosas no se les puede llamar humanos o animales ya que no tenían ni un sentimiento positivo por eso eran tan negros y no poseían un color. El color era algo tan puro y hermoso que ellos no lo merecían tener. Por eso lo perdían cuando su alma se volvía negra y con ella la mayoría de sus buenos recuerdos.
Scott llegó como pantera y yo inmediatamente le hice un campo de fuerza a su enorme cuerpo.
No sé si era mi idea pero cada vez habían más Liksa y tiraban más flechas. Por lo menos unas diez deben de haber chocado conmigo haciendo unos pequeños agujeros que no he tenido tiempo de cerrar por tener a varios Liksa sobre mí.
Así matamos a uno, dos, tres, diez, cincuenta, hasta cien y creo que más. Pero las flechas seguían aumentando.
Todo paso muy rápido.
— ¡Caroline! — me gritó Patrick a todo pulmón. Yo me di vuelta rápidamente.
— ¡Cuidado! — me grito Scott ahora en su forma normar corriendo hacia mí y apuntando hacia delante. Me di vuelta rápidamente y la vi. Esa flecha venia directamente hacia mí. No tuve tiempo de reaccionar. Un agudo dolor en el pecho me hiso retorcerme y caer de espaldas al suelo. Por suerte Scott me alcanzó a agarrar. Lo último que recuerdo fue levantar mi mano de la herida y encontrarla llena de sangre mirar a Scott y ver el miedo, la angustia y el temor reflejado es su mirada, mire hacia al lado donde venía Patrick y el mundo se volvió borroso. Lo ultimó



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